Son los puntos que cosecha, los que supo perder alguna vez. Es una de las formas de empezar a analizar la victoria del Fortín durante la tarde noche del lunes en Liniers. Pero el tema no es que sólo los sume, los gane; la cuestión radica de manera fantástica en cómo los consigue, como los hace suyos.
Este Vélez de Bassedas es todo personalidad. En gran parte, porque también intenta el juego y cuando lo consigue es mucho más Vélez. Pero desde su impronta de pararse desde el vamos en el campo del rival, amén de aún necesitar más de la tenencia del juego, hasta la voracidad para ir en busca del triunfo cuando el partido lo reclama. Este Vélez va mostrando el temperamento exacto, perfecto para sumar los puntos que necesita, con las armas firmes de la carácteristica que comienza a mostrar su entrenador.
Porque es cierto, en cada uno de los encuentros, la mano de Bassedas se ve firme. Desde en la semana a la hora de armar el equipo y buscar las mejores variantes; hasta en el mismo juego y su desarrollo con variantes siempre ofensivas y para ir a buscar el triunfo. En ese discurso, el que habla y el que muestra, Bassedas va convenciendo no solo a los jugadores que Vélez puede ser protagonista, que vale la pena arriesgarse después de un año muy duro, donde la valoración y el autoestima del grupo tocó fondo.
La inclusión desde el vamos de Blas Cáceres tuvo su efecto deseado. Sin Cufré por suspensión, el entrenador movió más de un puesto para su medio pensando en Gimnasia. Entonces la figura del paraguayo apareció como opción en una prueba también fuerte de carácter para mostrarse en el fútbol grande de nuestro país. Así lo puso junto a Somoza en el medio relegando a Asad al banco de Suplentes, mientras que Correa ingresó más adelantado por Cufré. Y Cáceres necesitó de un par de minutos para mostrar su impronta. Lo corrió a Brum desde atrás y fue duro al piso para un quite limpio, elegante y exquisito. Tan delicioso como el golazo que marcó en una contra letal, tras un mal pase de Oreja que le quedó a Toledo para avanzar metros y habilitarlo al guaraní que con una pausa precisa se acomodó para definir de emboquillada y construir la victoria. Hermoso debut en la red para Blas que se llevó una gran ovación y así también el reconocimiento al mejor de la cancha.
Porque también Bassedas apostó al pibe Stelcaldo. Fue su primera variante en el encuentro y el pibe no falló. En la última jugada, se hizo cargo de la pelota parada y más allá del efecto que llevaba el balón y la duda de Bologna en un centro que se le clavó junto al palo; Santiago se llenó la boca de gol, hizo delirar a todo Liniers y se regaló un debut soñado en primera con gol incluido. Todo por el mismo precio, el precio divino de ser protagonista. De un Vélez que comienza a saber lo que quiere.
Es cierto que también se complica solo en su historia y le encajan goles desde esa falta de tenencia y algún quedo en medio del encuentro. Así llegó el gol de Gimnasia, que apretó en el arranque del segundo tiempo y que casi de casualidad encontró el empate en los pies de Bou. Tapó algún mano a mano más Aguerre pero no hubo mucho más para el Lobo, más a allá que algunos digan que mereció ganar o que fue inmerecido el triunfo de Vélez. Las expulsiones tienen poco de discusión, sobre todo la de Meza; aunque la de Rasic tiene la carga de agresión del delantero (el reglamento dice dar o intentar dar una agresión) al defensor de Vélez más allá que el codazo no da de lleno. Como también el penal que no le dieron a Pavone, cuando Oreja se lo lleva puesto.
La solidez de Vélez hoy se sostiene en el grupo, en su global y sus individualidades. Porque en un equipo muy parejo se destacan jugadores y en el juego del equipo. El caso más claro es el de Damián Pérez, un jugador que siempre fue analizado bajo la lupa y la vara que dejó Emiliano Papa tras nueve años de hacer la banda completa y llegar a gol todos los tiros. Pérez hoy se decide por afinar la marca y clausurar la banda zurda del equipo, siendo uno de los jugadores más parejos que tiene Bassedas en cancha.
Porque además los pibes entran y rinden. Crecieron algunos, otros entran en un equipo en otra sintonía. Los pibes te ganan partidos y los grandes campeonatos, dice el dicho mítico del fútbol. Hoy los Toledo, los Stelcaldo, los Maxi Romero, te ganan partidos; si son ellos y suman de a tres con sus conquistas.
La noche fue de Vélez porque fue feroz a la hora de buscar la victoria ante el Lobo. La mejor forma de reponerse a la derrota injusta ante San Lorenzo, la mejor manera de mirar hacia adelante en el presente torneo con la ilusión intacta. Esa ilusión que nació desde el arribo de Bassedas, esa que alimentamos día a día con un plantel que crece y crece.
(*) Por Carlos Martino

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