Vélez, de gran primer tiempo, lo ganaba muy bien con un golazo del Tigre Romero; pero en el complemento Godoy Cruz con ayuda de los palos encontró la igualdad y luego la ventaja. Desde ahí el descontrol se apoderó de un Fortín que merecía más, pero que se retiró goleado 4 a 1 en el Amalfitani.Es tremendo el golpe. Al mentón directo. Esos que te dejan tambaleando, con la mirada perdida y mareado. Así terminó el partido Vélez. Un Vélez que por propuesta y por idea no merece tanto castigo de parte del fútbol; un Vélez que también pierde la cabeza y así se le escapan las chances. Con todas las ausencias, que para un plantel tan corto, afectan por demás; con todos los aciertos y virtudes; así y todo, es demasiada cruz para este Vélez.
Porque intenta mucho desde la idea de plantarse en campo rival y tratar de ser protagonista, de arrancarse de una vez por todas esa sensación de caída libre del año pasado y en lo posible pararse firme para dar pelea. Sin embargo, cuando puede sacar ventaja, pararse de manos ante el rival y verse arriba en el marcador; cae preso de vaya uno a saber qué, y ve como se le escapa de las manos el triunfo. Un Vélez que perdió explosión y verticalidad por las ausencias de Pavone (goleador), de Toledo (asistidor y desequilibrio) y de Alvarenga (acompañante en el vértigo y oportunista). Que con los reemplazos trata de tener más la pelota y jugar más asociado.
Vélez hace lo más difícil: Abrir el partido. Porque tanto como ante Quilmes, los dirigidos por Christian Bassedas arrancaron el partido con una tranquilidad bien marcada, sin desesperarse por el arco rival y con la seguridad que de tanto machacar sobre el arco rival el gol de la ventaja está pronto al caer. Y así fue una vez más. Un pelotazo de Aguerre encontró a Asad ganando en lo alto y peinando una pelota entre los centrales para que el Tigre Romero la baje con clase y defina con un misil teledirigido a la red. Vélez se ponía en ventaja rompiendo el sistema de un equipo bien aprendido y firme como el Tomba; tanto como lo había hecho a la rudeza de Quilmes una semana antes; pero sin embargo le cuesta sostenerse en ventaja, tal vez la tarea más sencilla de las dos.
En el complemento los palos que fueron favorables en la visita a Córdoba (dos tiros en el travesaño de Belgrano derivaron las contras para los goles de Alvarenga y Pavone) hoy jugaron para el visitante. Un fortísimo disparo de Silva bajó de golpe al segundo palo para impactar en la escuadra izquierda de un Aguerre que sorprendido se tiró a tapar el remate del ecuatoriano Ayoví que oportunista recibió el balón del rebote en el parante y definió sin problemas. El mismo Silva, minutos más tarde, ganó arriba en el área y de cabeza lo exigió a Aguerre que estiró la mano para desviar apenas al balón que dio en el travesaño y el rebote quedó a los pies servido del Morro García que tampoco perdonó. Godoy Cruz lo daba vuelta más por oportunismo que por merecimiento.
Sobre todo, porque tras el empate, Vélez había apretado bien arriba a Godoy Cruz que no podía salir del asedio. Ahí el equipo de Bassedas estaba jugando el partido con grandes chances de convertir el segundo mucho antes que de recibir el segundo del rival y ni que hablar del tercero y del cuarto. Por eso la bronca, la desazón por una derrota que en la obsenidad del marcador encuentra la cruz que carga un grupo que merece mucho más de lo que no le da el fútbol. Pero esto es efectividad y el Tomba de Gallego Méndez no por nada está como único líder de la Zona, sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Los goles de Correa y de nuevo Ayoví (claramente en offside), lo noquearon a Vélez que fue por el impulso de una hinchada que no dejó de alentar al son de "en las malas mucho más".
Cabe un párrafo para el momento triste y lamentable del arbitraje argentino, con jueces como Rapallini que se suman a la larga lista de los últimos que juzgan con animosidad las acciones de juego de Vélez. Sin ser incidente en el resultado y más allá del offside en el último tanto del conjunto mendocino, Rapallini fue sistemáticamente operando para desbaratar la solidez del equipo de Bassedas. La amonestación de Amor con una mano para nada intencional yendo al piso y usándola como apoyo en el pasto (tendría que cortarse el brazo), la no expulsión o amonestación siquiera a Lucas Ceballos empujando enojado a Asad cuando el juego estaba parado con clara intención de agredir al hombre de Vélez; la amarilla de Giannetti quien llega limpio a la pelota sobre Ayovi en la puerta del área, donde además le dio un tiro libre fantástico al Tomba que malogró el ingresado Gimenez. Lamentable la labor de un juez que no midió con la misma vara y que llevó el partido a un terreno muy lejos de sus manos.
El tren volvió a pasar y Vélez volvió a quedarse a un lado en la vía. Sin chance alguna de reacción, lamentando una y otra vez lo duro de mantenerse de pie. La toalla no se tira Fortín. A seguir peleando, Vélez.
(*) Por Carlos Martino
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